Si cierro los ojos y pienso en todo lo que he vivido, no puedo evitar sonreír. Haber cantado en Los Conquistadores de la Salsa y en Hermanos Yaipén me enseñó lo que significa darlo todo en el escenario. Aprendí a bailar, a cantar con el corazón y a mantenerme firme frente a públicos enormes que esperaban sentir algo especial en cada nota. Fueron diez años de aprendizaje que hoy llevo tatuados en el alma.
La voz que redefine el pop desde el Perú En el vasto universo musical latinoamericano, …
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