La música siempre ha sido mi refugio. Desde muy pequeño me descubrí escuchando discos de salsa, baladas y pop, y cada uno de esos géneros dejó una huella en mí. Me marcó mucho la energía de Marc Anthony, la sensibilidad de Luis Miguel, la versatilidad de Ricky Martin, y al mismo tiempo los sonidos del Perú: la cumbia, lo criollo, lo tropical. Hoy, todo eso vive en mí y se refleja en cada canción que compongo.
Soy un artista curioso: me gusta explorar. El funk me da libertad, el pop me permite conectar con emociones universales, y los ritmos peruanos me recuerdan siempre de dónde vengo. Es en esa mezcla donde encuentro mi verdad. Cuando escribo, busco crear melodías que no solo se canten, sino que se sientan, que vibren en el corazón de quien las escucha.

Mis letras nacen de mis experiencias, de las historias que me tocan y de las personas que han pasado por mi vida. Hablan de amor, de lucha, de libertad y de autenticidad. No busco perfección, busco verdad. Cada tema es un pedazo de mi historia, y cuando lo comparto, siento que entrego una parte de mi alma.
Al final del día, lo que me inspira no es solo la música misma, sino la posibilidad de que una canción mía acompañe a alguien en un momento importante de su vida. Esa es la mayor recompensa que puede tener un artista: saber que sus notas se convirtieron en recuerdos para alguien más.